jueves, 19 de febrero de 2009

CARNAVAL EN BAÑOS DE LA ENCINA


¿Alguna vez te has preguntado porque uno se disfraza durante el carnaval? Pues, aquí tienes algunas respuestas:
Los verdaderos orígenes del Carnaval todavía son una incógnita. No hay como comprobar científicamente dónde y cuándo nació el Carnaval. Los estudios estiman que los primeros cultos que más tarde se denominarían Carnaval fueron realizados años antes de Cristo, en la agricultura, cuando los campesinos se reunían en verano con los rostros enmascarados y los cuerpos totalmente pintados, alrededor de una hoguera, para celebrar la fertilidad y productividad del suelo, bien como alejar los malos espíritus de la cosecha. En una sociedad con tantas diferencias sociales, las fiestas suplían la necesidad de libertad para todos. Ricos y pobres se mezclaban durante el carnaval sin reconocerse.
Antiguamente, el carnaval era una fiesta en la que se comía carne por última vez antes de que comenzara la cuaresma.
La fecha de carnaval varía de un año a otro. Y está marcada en nuestro calendario por la Iglesia Católica que la calcula según la fecha del Domingo de Pascua de Resurrección. Al principio la iglesia era contra el Carnaval. Lo consideraba demasiado permisivo a las emociones, placeres, y deseos de la gente. Para la iglesia, el carnaval representaba el desorden, lo prohibido. Pero aún así, el carnaval seguía, y la iglesia, sintiendo que le era imposible impedir el Carnaval, acabó adoptando oficialmente la fiesta, en 590 d. C. pasando a programar su calendario. El primer miércoles después del carnaval, llamado "miércoles de cenizas", da inicio a la cuaresma, periodo en que se debería abstenerse de todos los tipos de placeres como la carne, el huevo, el sexo, la diversión en general. En razón de eso, el carnaval se calcula en relación con la Semana Santa. Entre el Miércoles de Ceniza y el Domingo de Pascua de Resurrección han de pasar 45 días. El carnaval, con el paso del tiempo, se ha convertido en una celebración pública que combina, disfraces, música, fiestas y desfiles por las calles.




CARNAVAL EN BAÑOS DE LA ENCINA


Nada tiene que ver el carnaval de ahora con el de antes en Baños. Mi intención es contar en esta entrada como eran las mascaras de antaño.
No eran disfraces, eran mascaras; imaginación, ropa usada, cero gastos, la cara cubierta para no ser reconocido y muchas ganas de pasarlo bien. No quiero decir que fuese tal como yo lo cuento, mas bien como lo recuerdo personalmente como espectadora ya que nunca me disfracé.
Nos íbamos a ver pasar las mascaras a la "La tienda de Quintana". Recuerdo sentarme en la gra´ y pasar toda la tarde con las amigas viendo pasar las mascaras, un grupo de tras de otro. Lo que más se veía pasar eran bodas.

La boda, los novios y la comitiva:


La novia siempre era la mas alta y delgada de todos, yo por lo menos recuerdo el vestido de novia bastante repicorto, y el velo un poco arrugado. La novia tenía mucho pecho, lo que a mi corta edad no entendía muy bien era por qué la novia iba siempre preñada, una prominente barriga era lo que más destacaba en ella. El pelo lo llevaba muy bien peinado, largo y rubio platino. La cara iba tapada por completo con un trozo de tela blanca, con aberturas en los ojos, éstos pintados con negras y largas pestañas y con una exagerada sombra azul. La boca, también con una abertura, con unos labios carmesí que no pasaban inadvertidos. Los zapatos eran muy, muy grandes, pero eso sí blancos como los de todos las novias, ¡dónde irían a por los zapatos…!.

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El novio era el más bajo y gordillo, con una gran barriga cervecera, el traje negro o marino bastante holgado. La cara igualmente tapada con las correspondientes aberturas, llevando pintado un gran mostacho, las cejas muy pobladas hasta juntarse una con otra, en la boca un puro enorme y una boina encajada hasta llegar a las orejas.

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La madrina era la más llamativa, muy alta, recuerdo; aquella descomunal pamela con flores enormes, el pelo negro, iba suelto y muy rizado. Me llamó mucho la atención unos pendientes de cristal, debían ser las lágrimas de una lampara, ahora que lo pienso, ¡eran preciosos!. El vestido era largo hasta los pies, de seda estampada muy exuberante (la antigua colcha novial muy bien colocada), A la madrina le resaltaban un gran trasero que se movía mucho al andar. La cara igual que la novia la mascara de tela muy maquillada.


El padrino de gran semejanza al novio, otro bodoque…

Los demás invitados muy bien atalajados con sombreros, bastones, sombrillas para que no les diese el sol. No se donde se sacaba aquella ropa pero iban muy bien. Todos con la cara tapada. Las mascaras intentaban cambiar la voz para no ser reconocidas cuando decían aquello de "¡AY QUÉ TORPE, QUÉ NO ME CONOCES! TORPE, TORPE, QUÉ NO ME CONOCES, ¡QUÉ NO! ¡QUÉ NO!" Alguna mascara iba muda, ya que no era capaz de cambiar la voz y la reconocía todo el pueblo; ésta gesticulaba con las manos pero no decía ni mu. Cuando se reconocía a uno del grupo ya se sabía más o menos quien iba en este grupo. Los andares también eran necesarios cambiarlos con cojeras, arrastrando un pie, simulando tembleques se atrancaba y cuando salía andando de nuevo, echaba un buen rato caminando sin parar.

Un personaje muy conocido y querido y que nunca se perdía el carnaval ....; Me cuenta su hija que siempre lo reconocían por los andares. Un año tuvo la genial idea de liarse entero en un plástico blanco, para ser una momia, este año no sería reconocido decía. Enseguida hubo quien le dijo si te conozco eres D. ….. ¡No había manera de que no le reconociesen! Cuando llegó a su casa su mujer tuvo que quitarle los plásticos. Después de toda una tarde de sol y calor, los plásticos se habían adherido a su cuerpo desnudo; su mujer tuvo que despellejar lo para quitárselos. Los alaridos eran de pena pero la mujer y las hijas sé descojonaron de risa ese día . Cuando me lo cuenta su hija aun se ríe a carcajadas.
Las mascaras llamaban a las puertas de las casas con mucho estrépito y ruido: llevaban cencerros como collares, o en la bragueta y con movimientos graciosos bien con el pecho o la bragueta los hacían sonar para llamar la atención y que la gente saliera de la casa. Alguna mascara se ponía una guindilla roja en la portañuela del pantalón, e iba presumiendo de su varonilidad, (casi siempre era lo contrario, una de las mujeres más menudas). Todo se hacía sin ninguna clase de gasto, era el ingenio y la gracia, mímica y gesticulación. La novia iba con dolores de parto y de vez en cuando se paraba. La madre que la abanicaba para que le pasara el sofoco, el padre se enfadaba con el novio y lo manoteaba sin parar. Todo se parodiaba sin hablar mucho.


AL AGUILÍ


"Al aguilí, al aguilí, con la mano no, con la boca sí "
Quién no recuerda al Señor del Aguilí. Éste no se disfrazaba, sólo se pintaba la cara de azulete y siempre era el mismo señor. Llevaba una caña larga y otra cortilla juntas, atado al extremo un hilo con un higo seco bien atado. Los chiquillos iban alrededor de él con las dos manos atrás y la boca abierta. El del aguilí daba con la mano a la caña corta y esta hacía que se moviese la larga , el hilo y el higo no estaban quietos en ningún momento. Todos con la boca abierta intentando coger el higo. El hombre cantaba ¡Al aguilí, al aguilí, con la mano no, con la boca sí! ¡Al aguilí, al aguilí, con la mano no, con la boca sí!


La única vez que he cambiado mi aspecto decían "¿Quién será? ¡si le parece al que vende las verduras!"




Todo terminaba el Miércoles de Ceniza
En el entierro de la sardina iban todos de luto riguroso, llorando a gritos. Es en resumen la expresión simbólica de lo ocurrido, del pasado, que va a ser enterrado.
El día en que se celebra el entierro de la sardina en los carnavales es el Miércoles de Ceniza. Se intenta motivar una intención de invitar al pueblo a una reflexión colectiva, en definitiva es una llamada al orden.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Me ha gustado mucho. ¡Nena tu vales mucho!.
Las fotos son tronchantes. ¡Torpe torpe que no me conoces!