jueves, 7 de abril de 2011

Baños de la Encina y su GENTE

El otro día me preguntaban cómo se vivía en Baños, quizás demasiado rápida y escueta mi respuesta fue “Con tranquilidad

Baños y su gente, me cuesta expresar lo que cotidianamente, sin darnos cuenta, sin prisa pero sin pausa vivimos y somos. Quizás no encuentre las palabras apropiadas para algo tan hondo. El vivir y sentir de un pueblo. Así, intentaré narrar como lo siento yo, ya que cualquier otro lo puede ver de manera distinta y sermonearme señalando pues esto sí, aquello no.


Baños de la Encina, nuestra Muy Ilustre y Mariana Villa.


Amanece. El canto de gallo y el ladrido del perro se mezclan con el ruido de los coches; se escuchan lejanos como si no pretendieran despertarnos, los cristales actuales hace que parezcan lejanas las indicaciones del pasado.


Taladra nuestros oídos el tirano aviso del reloj, él amo de las horas de nuestro descanso y trabajo, señor de nuestra existencia. Sumisos iremos de su mano todo el día.


El sol aún no ha nacido, cada bañusco tiene su quehacer:

Hombres que van al campo, cada vez menos jornales por la necesaria mecanización. La mayoría sale fuera a buscar el pan de su familia, siendo Baños pueblo dormitorio, eso duele pero es así. Quedó atrás el hombre jornalero, las yuntas, la siega, el trigo y el trillo; Hoy es más corriente ver compañeros que se agrupan en un mismo vehículo para conseguir el necesario sustento, en los vecinos pueblos; entre hierros, ladrillos, folios, ordenadores…


La mujer aún en su mayoría sólo es ama de casa, AMA de fortuna y de aprietos, la que pone y quita, prohibe, brega con la adolescencia en medio de su propia incomprendida alteración.


La mujer bañusca educada para ser hija, esposa y madre perfecta. Todo apunto, en su sitio a su hora, (hablo de mi generación)

Es curioso ver como aún lo primero que puedes señalar de antaño, es a esa mujer que barre casi amaneciendo la puerta, limpia ventanas e incluso deja inmaculada la blanca acera, patios, plantas que parecieran ser hijos de ésta; alimentándolas en la mañana fresca, sin que bose el tiesto para que no lavar la tierra, qué hasta en eso recuerda la enseñanza que le dieron, “Agua la justa, que no se vaya el abono de la tierra, quita la flor seca que ésta afea; con mimo y cariño cada planta en su sitio, sombra, sol, dentro o fuera” Así lo decía ELLA.


Deja incluso de ser hija y se convierte en madre de sus padres, la que vela por ellos, la que ahora intenta que no les falte cariño y cuido, y sufre, porque que le duele el quebranto de los que tanto quiere.

LA mujer bañusca, esa mujer que esconde su intranquilidad por el abrasante sol o inhumano frío, porque sus hombres están fuera. Ay como duele, como quema, aun estado en la sombra, abrasa, aun estado dentro de casa, hiela. Porque arde y congela el alma de esa mujer que si pudiese con su sombra recubriría a los que, tanto ama.

Mujer hacendosa y trabajadora, si sale algún trabajo extra ¡cómo no, lo aprovecha!

Recipientes de comida en la nevera, para que se lleve el que estudia, para que no le falte, si puede que salte de la fiambrera.

Y si sobra alguna hora, la aprovecha: tertulias, sevillanas, informática, qué los tiempos cambian y no quiere quedar fuera. Amiga de sus amigas, compañera de sus compañeras, risas y olvido por unos momentos de esa cena que en casa todos esperan.


La mujer más joven, una estupenda mezcla, porque aprendió a ser mujer bañusca, y ahora mujer moderna. Y los hombres diréis, no los mientas, estos han sido, son, y serán siempre hombres de bien, de bandera.


En el silencio de la noche, un ratito para Dios. Así me lo enseñó mi madre, por mucho quehaceres que tengas un ratito de oración.

3 comentarios:

Encarna dijo...

Precioso como defines a la mujer Bañusca, en cuanto a las macetas mi madre siempre dice " Son señoras a quien srvir "
Saludos

tremendita dijo...

Estoy totalmente de acuerdo con todo lo que dices de la mujer bañusca, sacrificada por la familia en general, marido, hijos y en ultimo lugar ella , como bien dices, eran las de antaño, las nuevas generaciones vienen empujando de otra manera, afortunadamente.

Pilar dijo...

Me ha encantado, mi marido se ha reido y me ha dicho, eres bañusca hasta la medula. Un beso